FESTIVAL OESHIKI EN EL TEMPLO IKEGAMI HONMON-JI DE TOKYO, JAPÓN




Tokyo es una ciudad que te conquista en un minuto. Nada mas llegar te das cuenta de lo amable que es su gente y de la tranquilidad que se respira en sus calles a pesar de los millones de habitantes que la pueblan.

Nosotros tuvimos la suerte de pasar bastantes días allí hace unos años y decidimos que la forma de conocerla seria dedicarnos a pasear por sus barrios sin prisa evitando saturarnos con todo lo que hay para ver y dejando casi que cada uno de sus puntos interesantes apareciera en nuestro camino casi por azar.


Uno de esos días entramos a una taberna a descansar un rato y aprovechamos para hojear una de las pocas revistas que había en ingles y en la que aparecía la agenda social de la ciudad con todas las actividades del mes. En ella mencionaban el festival O-Eshiki y contaban que era una especie de procesión de linternas Mando en la que mas de tres mil personas se acercaban a un templo situado en el barrio de Ota y decidimos ir.

Leímos que la estación mas cercana se llamaba Ikegami al igual que el templo y nos fuimos para allí.
Nos bajamos y empezamos a preguntar sobre el festival, pero si en el mismo centro de Tokyo donde se encuentran turistas cada día teníamos problemas para hacernos entender, en este barrio del Sur de la ciudad mucho menos visitado fue toda una peripecia. Cada vez que preguntábamos a alguien acababa preguntando a algún otro que pasaba y a pesar de la amabilidad ninguno nos ayudaba demasiado. Creíamos que al ser un festival importante veríamos manadas de gente moviéndose hacia la zona pero no tuvimos en cuenta el que en casi cualquier sitio de Tokyo hay mucha gente y que todos se mueven hacia algún lado.

Puestos de comida en el barrio de Ota

Al final a base de callejear encontramos un puesto vendiendo comida y después otro y otro mas. Todavía estaban abriendo así que supusimos que era pronto y faltaba un rato para que la gente empezara a llegar así que seguimos el camino hasta que apareció el precioso templo rodeado de farolillos iluminados.


No sabíamos nada sobre aquella fiesta y nos dio la sensación de que lo que veíamos eran diferentes congregaciones que se acercaban al templo a presentar ofrendas.

Cada una de ella se componía de un enorme grupo de gente que llevaban un carro con una especie de figura. En unos casos la reproducción de un templo, en otras pinturas tradicionales, y todas decoradas con farolillos encendidos y una especie de flores de papel representado la flor del cerezo.
El motivo de la elección de esta flor es que según la leyenda cuando murió Nichiren Shonin era Octubre y los arboles florecieron fuera de temporada.

Dentro de cada agrupación había diferentes componentes: monjes y músicos con panderetas y tambores, grupos de gente acompañándoles por todo el camino animando y coreando e incluso bailando a cada paso.
En alguno de los grupos también aparecían chavales vistiendo uniformes de equipos de béisbol y portando estandartes.


Representantes de equipos de Béisbol locales.



Mando con reproducción de Pagoda y flores de cerezo hechas con papel.

Grupo de monjes.


Otro grupo con música y baile.




Imagen iluminada de Nichiren Shonin.




Imágenes de la vida de Nichiren Shonin.

En los dos kilómetros de procesión como he comentado desfilan miles de personas pero es que para presenciar el desfile o acercarse a los infinitos puestos de comida se llegan a juntar hasta trescientas mil. Cuando todas estas personas llegaron, se abarrotó el lugar y decidimos que ya era hora de dar una vuelta. Dimos un paseo nocturno por los diferentes edificios que componían el templo Hommon para relajarnos un rato.


Soshi-do El templo principal.


Pagoda Tahoto.



Honden, Salón del trono.

Era especialmente bonita la pagoda de cinco niveles pero tanto el mausoleo como las pequeñas pagodas que la rodeaban o la propia sala del trono eran muy interesantes y atractivas.

Pagoda de cinco niveles.


Cuando el festival estaba todavía en pleno apogeo aprovechamos para acercarnos a los puestos, que de ser unos cuantos habían pasado a ser literalmente cientos de ellos. La mayoría ofrecían comida de todos los tipos imaginables. Algunas muy básicas como pinchos de calamares, pescado y otras tremendamente elaboradas con platos que pedían a gritos una mesa y una servilleta de tela pero que tuvimos que degustar sentados en las escaleras de una casa intentando no molestar demasiado a la gente que pasaba.
Con el estomago lleno seguimos curioseando el resto de los puestos y vimos que también había bastantes que ofrecían juguetes para los niños o incluso piezas de artesanía y pinturas.


Pescaito frito.

Calamar a la plancha.

Arroz de colores.

Delicioso Okonomiyaki.


Pulpo "Old Boy Style".

Tras horas y horas volvimos cansados a nuestra habitación con la sensación de haber visto un trocito de Tokyo que pocos Gaikokujins habían tenido el placer de disfrutar.

El cartel no es que venga a cuento, ¿pero se os ocurre una forma mas simpática de terminar?







ELVIS WEEK IN MEMPHIS, TENNESSEE




En nuestra linea de visitar los destinos intentando coincidir con fechas especiales, solo había una cosa que no nos queríamos perder durante nuestra visita a Tennessee: Memphis durante la Elvis Week.
Es un evento anual en el que se celebra el aniversario del nacimiento de Elvis Presley con diferentes actos durante una semana.



Memphis es una ciudad muy interesante y con muchísima vida tanto de día como de noche. Y mucho de esto se lo debe a la música Blues, al Rock´n´Roll, y especialmente a Elvis.


Todo en Memphis gira en torno a Elvis.

Durante los días que estuvimos cumplimos el programa de peregrinación de los fans del artista, combinando las visitas clásicas con algunos de los actos organizados para la semana.

Empezamos con la visita a Graceland y la verdad es que nos dejo bastante fríos. Para empezar tienes que sufrir una enorme cola para coger las entradas, después montas en un minibus que literalmente te cruza la calle y  que te deja en la puerta de la mansión. Después toca una visita guiada y muy controlada en la que te permiten ver ciertas cosas pero no todas. Sin ir mas lejos, el acceso a la segunda planta esta completamente vetado.


La famosa sala del piano.

Salón de la figura del mono.


Después de ver todas las salas con las reliquias, trajes y recuerdos de Mr. Presley se sale al jardín para sacar alguna foto del sitio donde descansa y poco mas.



Supongo que Graceland esta en la lista de visitas que hay que hacer, pero que en realidad decepcionan a casi todos.

Seguimos nuestro particular homenaje acercándonos hasta la Elvis Presley Plaza donde esta instalada una estatua muy famosa del cantante en una de sus poses mas características y que es perfecta para vacilar.

Elvis Impersonator

Nuestra siguiente parada fue en los muy míticos estudios de Sun Records donde Elvis grabo en múltiples ocasiones. Otros músicos que pasaron por allí fueron Johnny Cash o Jerry Lee Lewis, casi nada...



Para rematar nuestros días en la Elvis Week fuimos al evento mas importante de los que celebraban aquel año. Un partido de béisbol/concierto/ fuegos artificiales en el Autozone Park.



La tarde empezó pronto con un espectáculo en el que diferentes imitadores de Elvis interpretaban sus canciones ya fuera en directo o en play-back a la entrada del estadio. Algunos eran francamente buenos e incluso tenían gran parecido físico mientras que otros digamos que no lo hacían tan bien, pero en conjunto fue una estupenda manera de empezar la velada.

A continuación empezó el partido. Los Memphis Redbirds están en las ligas menores pero creo que al no ser conocedores del béisbol no  notamos demasiado la diferencia con un partido de primera y fue una tarde estupenda que nos sirvió para tomar un primer contacto con lo que es un partido de este curioso deporte.



Lo primero que nos llamo la atención fue que a un costado de la grada había una zona inclinada con césped a donde se dirigían familias en manadas con sus mantas y cestas de pic-nic.



Lo segundo que nos sorprendió fue el trasiego constante de gente hacia los puestos de comida constantemente sin importar en que momento del partido estuviéramos.
Para entonces ya nos había quedado claro que allí se iba a comer y beber mientras unos señores jugaban a algo en el campo que tenían delante.

Gran lanzamiento del pitcher de los Redbirds.


Arbitro, Catcher y Bateador.


Catcher al acecho.


Tengo que reconocer que aunque fue un partido largo, el tiempo se nos paso volando. Comimos perritos calientes, curioseamos a la gente que se dedicaba a anotar cada jugada para las estadísticas en libretas, vimos bailar a las animadoras, intentamos coger regalos de los que lanzaban al publico con cañones y sacamos decenas de fotos del publico, de los jugadores y de los imitadores de Elvis que se pasaban por las gradas saludando a la gente.

Cheerladers.

Personal de la Elvis Week.


Al terminar el partido estaba programada una sesión de fuegos artificiales al ritmo de las canciones del Rey para goce de  la gente que aplaudió con cada explosión.

Para terminar la noche,  y de nuevo a las puertas del Autozone nos encontramos con un nuevo concierto en el que un imitador de Elvis, creemos que el ganador del año anterior, toco y canto los grandes éxitos del ídolo local con la gente sumándose en cada canción.



Se puede decir que la Elvis Week esta lógicamente pensada para los ultra-fans del Rey, pero pienso que si estáis interesados en visitar Memphis, aunque solo sea por el ambiente que se crea, merece la pena que hagáis coincidir las fechas y disfrutéis así aun mas de la ciudad de "The King of rock´n´Roll"





OSAKA, JAPÓN



Después de un par de meses viajando por Australia y Nueva Zelanda nos dedicábamos avaguear por Sidney sin demasiada prisa por irnos de la ciudad, aunque es cierto que cada día curioseábamos las ofertas de vuelos tanteando los destinos mas variados. Indonesia, Japón o las islas del Pacifico eran las que mas nos encajaban por proximidad, pero la verdad es que no estábamos cerrados a nada.
De repente en el correo apareció una oportunidad para volar a Japón a un precio ridículo pero con salida en un par de días y decidimos aprovecharlo. Ya habría tiempo para playas en otro momento.

La peculiaridad del vuelo era que ademas de ser inmediato no volaba a Tokyo. Volaba a Osaka.
No sabíamos nada sobre esta ciudad pero por algún sitio había que empezar y ademas tampoco era muy difícil llegar a la capital desde allí.

El mítico cartel de Glico en Osaka.

Dos días después aterrizamos en Kansai y nos llevamos la primera sorpresa. El aeropuerto estaba situado sobre una isla artificial con lo que excepto por una pequeña carretera se encontraba totalmente rodeado de agua.

Cruzamos la aduana sin ver prácticamente ninguna señal en ingles. Tuvimos que arreglarnos siguiendo los pictogramas ya que no hablábamos nada de Japones pero hay que reconocer que no tuvimos demasiados problemas para recuperar nuestras mochilas y comprar billetes para el tren que nos llevaría a la ciudad.
En solo unos minutos nos quedo claro que en Japón todo era lo suficientemente gráfico como para que aunque no conociéramos el idioma nos pudiésemos manejar sin problema.

Todo perfectamente claro.

Monos o cerdos?


Ojo a la caras en el cartel de la derecha.


Adorable.
Eso si, por muy claro que estuviera todo, recuerdo que después de pagar el billete express, como si de una mala comedia se tratara, nos montamos en el tren equivocado y vimos desde nuestros asientos como el rápido arrancaba en la vía contigua y nos quedábamos en el que paraba en tooooodas las paradas del camino...





El hotel que habíamos cogido a ultima hora estaba un poco apartado y cumplía todo lo que se dice de los hoteles japoneses en cuanto al tamaño de las habitaciones. Por lo demás estaba estupendo, muy nuevo y con un montón de accesorios en la habitación que para si querrían muchos 5 estrellas que hemos visto por ahí.
Incluso nos habían dejado dos pijamas-camisón muy cómodos para dormir y que nos cambiaron todos los días.

Con el cuerpo roto por la diferencia horaria y los kilometros recorridos, tomamos nuestra primera cena en un restaurante de pescado, que no de Sushi, muy cercano al hotel y ademas por cuatro duros. Era curioso que en la entrada del bar, en la misma puerta, tenia colocada una especie de banderola colgando que tuvimos que esquivar para entrar, no sabemos si por alguna costumbre o solo para mantener la intimidad de los clientes que están dentro.
Cenamos sin entender el funcionamiento de nada, ni siquiera de como iban las salsas. Ademas tenia pinta de que eramos los primeros occidentales que habían entrado allí y los cocineros no hablaban una palabra de ingles. A pesar de que lo intentaron no nos ayudaron demasiado.


Indicaciones que no sirven de mucho.


A la mañana siguiente con la cabeza un poco mas despejada caminamos hasta el centro y allí nos topamos con la estación subterránea de Umeda, que es una aventura en si misma. Aunque pasamos casi una semana en la ciudad y la cruzamos a diario no fuimos capaces de encontrar el mismo restaurante dos días seguidos.
Era una especie de enorme laberinto que juntaba dos o tres estaciones de metro con la estación principal de tren. Aquí se  puede encontrar sin exagerar cientos de restaurantes, miles de tiendas, decenas de pastelerías e incluso supermercados. Es posible entrar por la planta baja de alguno de ellos, cruzar por una pasarela elevada de un Mall a otro y bajar de nuevo a la estación en la otra punta. Es una locura dejarse llevar por la marea de gente de todo tipo que va en una y otra dirección a velocidades de vértigo y sin rozarse.


Cruce de caminos en Umeda


Tras el caos de Umeda salimos a la superficie y decidimos visitar el mas tradicional castillo de Osaka, que es de alguna manera el emblema de la ciudad. Esta situado en el centro de la misma, rodeado por unos enormes jardines y protegido por grandes murallas. Algunas de las piedras que forman las murallas tienen caras de mas de 100 metros cuadrados, lo que resulta impresionante.

Castillo de Osaka.



Las enormes piedras de la muralla.


La vista del castillo es imponente con sus tejadillos con caída y sus remates dorados. Es un largo camino, pero una vez arriba se disfruta con la panorámica sobre la ciudad y ademas la bajada por el interior esta pensada para ir viendo diferentes salas a modo de museo en las que se ven elementos de la historia japonesa como armaduras de samurai o representaciones pintadas de famosas batallas entre clanes. También incluye una muestra de las habitaciones típicas de la época Edo. Todo muy recomendable.

Paseando por los jardines del castillo oímos griterío saliendo de uno de los edificios y asomamos la cabeza por una ventana. En una sala había un montón de chavales practicando Kendo con un profesor. No parecían demasiado disciplinados con tantas risas pero cuando les vimos combatir fue todo lo contrario. Manejaban los bastones con seguridad y destreza. Lo divertido vino cuando el profesor propuso un todos contra el y se desencadeno el apocalipsis, al final el viejo maestro tuvo que pedir clemencia.



Poniéndose de nuevo el gorro tras saludar.
Una de las ultimas cosas que nos sorprendieron en ese primer día fue que coincidimos con la hora de la salida en un colegio a las afueras del castillo. Los niños se dirigían a coger el autobús se y despedían del guarda saludándole inclinando la cabeza después de quitarse el gorro, uno a uno. Fascinante.

Camino del autobús.


Esto es solo el inicio ya que hay muchas mas cosas que contar de Osaka y sobre lo que fue nuestro primer contacto con la cultura japonesa y con sus costumbres. Lo dejo para la próxima.