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I LOVE NEW ZEALAND, BUT SHE DOESN´T LOVE ME

Esta es una historia de amor como cualquier otra, aunque en realidad quizás sea una historia de desamor.

Chico conoce chica, chico mantiene un romance con chica, chica se aburre del chico y manda a todas las fuerzas de la naturaleza en forma de terremotos, lluvias torrenciales, desprendimientos, niebla, nevadas y vientos huracanados para quitarse al chico de encima.
Bueno pues mas o menos esto ha sido mi aventura por/con Nueva Zelanda. Cuando parecía que todo iba perfecto y parecía que iba a ser para siempre algo ha pasado y se ha estropeado. Quizás sea algo que he hecho, o que he dicho, se que a nadie le gustan las comparaciones..... se que no debí hablar de otras pero que voy a hacer si son parte de mi pasado...
El caso es que me rindo, que ya no puedo mas, lo del terremoto me lo tome como una rabieta, pero han sido demasiadas lluvias que no me han dejado disfrutar como merecía la isla norte, demasiado viento que amenazaba con tirarme por el primer acantilado al que me acercara y una niebla que no me ha permitido ver las enormes montañas que tenia a unos cientos de metros.....
Así que me voy, pero no te olvido y quien sabe quizás algún día, si volvemos a vernos todo vaya mejor entre nosotros, quizás podamos tener un amor de verano.


AUCKLAND, N.Island


Entramos en Auckland a través de la Highway 1 que cruza la ciudad verticalmente, el tiempo como ya es habitual en los ultimos días es un asco. La lluvia es constante y casi no vemos la carretera, a eso hay que sumar que esperábamos una ciudad grande pero no enorme, así que la llegada es un caos, una vez mas sin mapa en condiciones, nos movemos según nos llevan las riadas de coches que se mueven a toda velocidad cambiando constantemente de carril.

Finalmente decidimos coger un motel a las afueras y al día siguiente pensar como organizarnos, el motel es una gozada y por tener tenemos hasta hidromasaje en la habitación. Aprovecho para pegarme un baño y relajarme..... bueno esa es la intención porque: Atención niños !! no es buena idea mezclar hidromasaje y gel relajante, digamos que con los chorros el jabón sale y sale y sale. Y de repente empieza a subir por el desagüé de emergencia que hay en mitad del baño. Acabamos cubriendo el suelo de toallas para parar el jabón que sigue saliendo incluso después de apagar el agua. Relajante... apenas, divertido, cuando ha terminado, mucho, pero recordar no intentar esto en vuestras casas.



Cambiamos nuestro coqueto hotel por un hotel en el centro de la ciudad, bastante mas macarra y con unos huéspedes bastante pintorescos. Yonquis, borrachos, un tío la mar de simpático con una calavera tatuada en la cabeza y unos cuantos orientales con pinta de despistados que nos saludan constantemente. La verdad es que la ubicación es inmejorable, la vista de la habitación de la torre espectacular y el precio reventado, así que no vamos a quejarnos de los vecinos.
Empezamos a visitar Auckland dando una vuelta por el centro y aprovechamos que esta bastante despejado para subir a la Skytower, emblema de la ciudad y omnipresente en cada una de las fotos que tomes de la misma. Las vistas son bonitas y nos dan una idea del tamaño real de la ciudad, desde la bahía con las islas volcánicas que la rodean por el Este hasta las montañas también volcánicas que la delimitan por el Oeste.





Seguimos paseando sin mas por la calle principal donde un montón de gente de todas las nacionalidades entra en las tiendas a comprar o curiosear. No hay nada que nos llame especialmente la atención, excepto un enorme reloj luminoso en el que marcan lo días, horas, minutos y segundos que faltan para el mundial de Rugby del 2011 a celebrar en NZ y por el que están totalmente emocionados, también hay mucha tienda de souvenirs, unas cuantas de ropa y una librería gigante en la que puedes encontrar todos los libros que puedas imaginar y revistas editadas tanto en Australia como Inglaterra, Estados Unidos o incluso Japón.
Remato el día viendo por segunda vez Inception, pero esta vez en una sala Imax,donde de nuevo me impresiona mas el sonido que incluso la enorme y nítida imagen. Sigo sin tener claro si es una buena película, lo que si se es que me fascina. Ademas como extra me ponen el avance de Tron que tiene una pinta brutal en esa pantallaza.



Al día siguiente hacemos una pequeña excursión con el coche hasta Mt. Eden, un monte al Oeste de la ciudad que es un volcán durmiente, en la cima puedes encontrar una caldera llena de césped con forma de cono invertido. Las vistas del Skyline de la ciudad son impresionantes, incluso se pueden ver las islas al fondo, teniendo un primer plano de los altos edificios del centro recortados contra la bahía.



Después de bajar al centro cruzamos el famoso puente en le que la gente se dedica a practicar el Bungy, saltos controlados con cuerdas elásticas, y vemos el mismo skyline desde otra perspectiva.




Aunque el tiempo ha mejorado, todavía quedan secuelas de la tormenta y no esta del todo bien así que una de las visitas que hacemos es a un enorme centro comercial plagado de tiendas, es mas o menos como una pequeña ciudad con sus calles, sus zonas de restaurantes, ocio y demás. Muy grande pero nada nuevo que no hayamos visto antes, aunque hay que admitir que el desayuno que tomamos en The Coffee Club fue barato y excelente.

En una televisión del centro comercial vemos un anuncio de The National Bank que mola mucho y cuando veo el cartel gigante del mismo en una calle lo fotografío para recordarlo, si podéis buscarlo en YouTube hacerlo, esta muy chulo.



Nuestro ultimo paseo por Auckland, nos lleva a la zona de la bahía, pegamos un vistazo a la estación de ferries, nos alegramos de haber elegido un hotel con parking gratuito ya que el aparcar en el centro es un robo a mano armada, y tras un rato al borde del mar mirando la enorme marina que tiene la ciudad llena de enormes yates y veleros decidimos despedirnos tomando un elegante desayuno en el elitista barrio de Parnell, que al final no es tan elegante pero si bastante cool con un montón de tiendas de arte alojadas en casitas muy bonitas situadas en una colina con estupendas vistas.



Una buena manera de despedirnos de Auckland y de Nueva Zelanda. Hasta la próxima.

BONUS PICTURES:








PIHA, N.Island



Un poco al norte de Auckland, se puede visitar este paraíso para los paseantes y por lo que vemos también para los surfers que es la zona de Piha y Kare Kare. Para llegar hasta aquí se puede tomar el camino habitual con el que tardaras aproximadamente 40 minutos o el que cogemos nosotros atravesando 20 barrios, 8 pueblos y que nos lleva casi las dos horas.

Después del innecesario camino, cruzamos una zona de montañas en una carretera con curvas en la que la vegetación envuelve el asfalto y al final aparece a lo lejos de playa de Piha.





Cuando llegamos abajo para la lluvia y bajamos a dar un paseo, el día gris y con el cielo totalmente cubierto le da un aspecto mágico, somos los únicos en la enorme playa de arena negra con un pequeño monte en medio en el que sobresale una roca con forma de dragón aullando.



En el Sur de la playa unos enormes acantilados llenos de pájaros no te dejan continuar pero aprovechamos que la marea no ha terminado de subir par saltando entre las rocas tener una vista privilegiada de la siguiente bahía protegida por unas rocas y con aspecto bastante apacible.




Según sube la marea las olas nos van empujando fuera de las rocas y devolviéndonos a la seguridad de la playa así que curioseamos entre la arena que cubre el suelo de la playa y encontramos una especie de caracolas azules semi transparentes.
Después de un rato las nubes deciden que ya vale de andar y se pone de nuevo a llover con lo que volvemos zumbando al coche.




Damos una vuelta por el pueblo y la verdad es que no hay nada que ver, seguramente cuando llegue el verano se llenara de bares y puestos para los surfers pero ahora todo esta vació.
Subimos y bajamos una nueva montaña para llegar a la playa de Kare Kare pero como esta marea alta el acceso es complicado, así que dejamos la visita a la playa donde Holly Hunter desembarco “El Piano” para otra vez.
La vuelta aun haciéndola por el camino bueno tiene su punto de suspense cuando se enciende el piloto de la reserva y pasan los kilometros sin gasolineras a la vista, pero cuando el ambiente esta tan tenso que se puede cortar con un cuchillo un pequeña estación de servicio nos salva la vida.   

TARANAKI REGION & WAITOMO CAVES, N. Island


Todo tiene un limite, y parece que ya hemos llegado a el, la moral por los suelos, cansados y aburridos de la tormenta. Desayunamos en Strafford, un pueblo dedicado enteramente a Shakespeare, sus calles tienen nombres de personajes de sus novelas y en la calle principal hay un edificio con un reloj enorme en el que cuatro veces al día se representan unas escenas de Romeo y Julieta mediante unos muñecos que asoman por las ventanas, y a través de unos altavoces en los soportales se les oye recitar sus textos.

Leemos el periodico y las noticias solo hablan de barcos a la deriva, records de velocidad de vientos, nevadas en la isla sur que incluso han derribado un polideportivo en Invercargill. Aparecen imágenes de corderos muertos por cientos y los ganaderos se dedican a esparcir hierba sobre la nieve para que no mueran mas a la vez que recogen los cadáveres de los que no han sobrevivido.





Aunque estamos a los pies del Monte Taranaki que en todas las guías aparece majestuoso con sus 2518 metros no vemos nada de nada, vamos hacia la costa sin que pare de llover ni un minuto, y aunque la orilla del mar esta espectacularmente bonita con una gama infinita de grises, entre las piedras, el mar y el cielo no podemos disfrutar porque cuando para la lluvia por un minuto todavía queda el viento que no nos deja casi estar de pie y la espuma del mar sale volando como si fueran copos de nieve amarillentos y se meten tierra adentro.




Nos dirigimos a la ciudad mas grande de la zona sin saber que hacer, parar y esperar o seguir para adelante dejando cosas sin visitar, para pensarlo entramos en Puke Ariki, un museo de New Plymouth en el que pasamos un buen rato escondidos de la tormenta, la verdad es que no ésta mal y la exposición temporal que hay dedicada al pintor John McLean (no McLane que se de que pie cojeáis), sus pinturas no es que sean “bonitas” pero si que son interesantes y curiosas.


Salimos con la idea de no esperar ya que no tiene pinta de que vaya a parar en los próximos días. Seguimos hacia el Norte por la carretera de la costa y hacemos noche en Awakino, en un Hotel que hace un par de años había ganado un premio al mas encantador hotel rural, vale, pues a ver como lo explico, aparcamos y en mitad del aparcamiento hay una pick-up con un jabalí en la trasera, destripado para mas señas.

Entro y la recepción es el bar, donde los cazadores descalzos ya que las botas llenas de barro estaban en la entrada beben una cerveza detrás de otra. Cogemos habitación y bueno es curiosa, el aire entra por las grietas de las ventanas, las lamparas no tienen bombillas y hay un enchufe en toda la habitación donde conectar la estufa, las lamparas si estuvieran completas o cualquier cosa que necesites a través de una zapatilla que tiene pinta de empezar a arder en cualquier momento, como no hay mas sitios y no andamos sobrados de gasolina nos quedamos. Salimos a cenar y los cazadores siguen engullendo cervezas y de cada tres palabras dos son fuck, nos miran hacen bromas, me acuerdo del jabalí y miro silbando para otro lado, igual son simpatiquisimos pero la combinación armas y cerveza no me convence nada.



Después de salir pitando al día siguiente decidimos ir a por todas y en vez de ir por la carretera principal tomamos una paralela pero que promete vistas mas interesantes y la verdad es que la disfrutamos bastante, vemos multitud de animales, incluso un par de faisanes salvajes correteando por la carretera y multitud de Pukekos.

También vemos una Marae, edificio religioso y de reunión Maorí en la falda de una montaña con unas vistas espectaculares y una catarata al fondo aunque hay que reconocer que la decoración del templo tampoco desmerece.
En el camino volvemos a encontrarnos desprendimientos, pero ya nos los tomamos con naturalidad, los esquivamos y sin inmutarnos seguimos el camino, ademas llueve menos y ese ya es un motivo de alegría.



Paramos rápidamente en Mangapohue natural Bridge y damos un paseo entre mas lluvia por una grieta entre montañas cruzada por un rió, pero en un único punto se ha formado una estrecha cueva que forma un puente y permite pasar el rió de manera natural, bonito sin mas.


Llegamos a las famosas Waitomo Glowworm Caves y cogemos un tour para visitarlas, se trata del típico recorrido por cuevas viendo estalactitas y estalagmitas en el que te cuentan por milésima vez que tardan cien años en crecer un centímetro, que no se pueden tocar por que se estropean y que si miras una en concreto boca abajo y con los ojos entornados veras que parece un monje franciscano con una espada samurai. Pero lo bueno viene después, nos montamos en una barquita que se mueve a brazo, es decir hay instalados unos cables que cruzan la cueva y el guía va tirando de ellos para mover la barca, lo primero que nos enseña son unos cuantos mosquitos que en estado de larva para alimentarse cuelgan una especie de pequeños hilos viscosos para que otros insectos queden atrapados y así devorarlos, para atraer la atención de estos insectos, la larva lo que hace es brillar de un color verde fosforito increíble, ver unos cuantos es curioso, pero cuando llegamos a la gruta principal pasa a asombroso, miles o cientos de miles o millones cuelgan del techo e iluminan el habitáculo como si fuera una noche estrellada, no se puede hacer ruido porque si se asustan se apagan, así que el silencio junto con el brillo de las larvas crea un ambiente mágico, se que suena cursi pero es así Salimos encantados de la visita y parece que le vamos dando la vuelta a los ultimos y horrorosos días.


Poco antes de incorporarnos a la carretera principal vemos a un par de avestruces gigantescas y cuando salgo a sacarles una foto, una de ellas corre a acercarse a mi, se planta enfrente ahueca las alas y se pone a bailar, no se si para intimidarme o para cortejarme, pero no podemos parar de reír alucinados, corro para un lado y me sigue, para el otro también, cuando al final me alejo se queda con pena, igual si es que me estaba cortejando, pero lo siento, no es mi tipo, demasiado alta.





Al no haber demasiados atractivos en la zona nos dirigimos a Auckland sin hacer ninguna parada mas, la carretera es buena y en unas tres horas ya estamos a las puertas de la ciudad.