CHRISTCHURCH, South Island

Nuestra puerta de entrada a Nueva Zelanda fue Christchurch, desde entonces hemos recorrido gran parte de la isla sur sin tener demasiado tiempo para actualizar el blog, asi que con cierto retraso.......

Se hace difícil escribir sobre Christchurch cuando ha pasado tanto tiempo desde que la dejamos, no porque sea difícil de recordar, sino por lo que ha pasado desde entonces. Cuando salimos de la ciudad, nos quedo dentro la duda sobre si deberíamos habernos quedado algún día mas allí.

Aun siendo la ciudad con mas habitantes de la isla sur, no da la sensación de gran ciudad, por como están dispuestas las casas, las calles y los parques, parece un pequeño pueblo diseñado para recorrerlo mientras paseas por sus calles y te paras a tomar un café en cualquiera de sus terrazas.
Christchurch nos recibió con frío, además llegamos de noche y como ya es costumbre en este viaje, esto significa que todo estaba vació y que todos los locales estaban cerrados.
El hotel que habíamos elegido era un muy moderno pero económico alojamiento en pleno centro, el concepto se basaba en eliminar todo lo superfluo de las estancias en hoteles de ciudad, como el servicio de maletero o las grandes habitaciones con muchos metros cuadrados y enfatizar las prestaciones, a nivel de tecnología y servicios para descubrir la ciudad. Por ejemplo incluía un sistema de adaptación al cambio de horario mediante diferentes intensidades de luz si tu avión procedía del Oeste o del Este, también tenias la opción de jugar con diferentes colores de luz basados en la cromoterapia. Todo integrado en una mini habitación que con baño y ducha no superaba los nueve metros cuadrados. 
Que como lo hacían ? Elevando la cama para meter las maletas o mochilas debajo, colgando la televisión de la pared a los pies de la cama, o eliminando mesillas y espacios vacios. Tremendamente funcional, pero mejorable.



Si la noche fue fría, la mañana siguiente fue una gozada, un sol que calentaba bastante, nos animo a pasear por el centro de la ciudad, por los parques, por el jardín botánico e incluso nos permitió el sentarnos al aire libre en la plaza de la catedral y en alguna cafetería de la zona de los museos.
Aunque la gente paseaba por las calles, en ningún momento se veía aglomeraciones, el ambiente era tranquilo y silencioso, solo sobresalía la campana del tranvía que constantemente cruzaba el centro para que los turistas pudiesen visitar cómodamente los puntos de interés.





También tuvimos tiempo de visitar un par de museos gratuitos, uno el Canterbury Museum, en la planta baja reunía objetos de la ciudad, y enseñaba la historia de la misma a través del tiempo, desde su fundación hasta prácticamente hoy en día En la primera planta tenia una muestra sobre los animales que pueblan Nueva Zelanda y una momia egipcia que no encajaba demasiado con el resto del museo pero de la que el museo estaba especialmente orgulloso.
En el Christchurch Art Gallery se juntaban varias exposiciones muy distintas entre si, por una parte teníamos pinturas de artistas nacionales de distintas épocas, junto con alguna clásica de autores extranjeros, sin ser espectacular se dejaba ver a gusto. En otra zona teníamos una colección de fotografías sin ningún criterio claro, pero que en su mayoría mostraban imágenes que al margen de la estética representaban algún tipo de denuncia social. Cada una de las fotos venia acompañada de un pequeño texto que completaba la ya de por si explicita imagen.
La tercera exposición era de punto y aparte, un montón de esculturas? Creaciones? Experimentos? que mas parecían una clase de física y que no nos convenció en absoluto. Arte ? Vale, pero no de nuestro gusto.
Tambien nos acercamos a Arts Centre un edificio con varias alas en las que se juntaban galerias, un teatro, unas cuantas tiendas con artesania o pinturas y un pequeño pero encantador café con unas tartas increibles. Ademas los viernes por la mañana sin excepcion preparan un mercado con unos cuantos puestos de granjas cercanas con..... unos pasteles de mareo.

El ultimo día hicimos una visita a Antarctica, un centro cercano al aeropuerto y que intenta de alguna manera transmitir las sensaciones de visitar la Antártida. Es un sitio curioso para pasar un rato e incluye alguna atracción impresionante, como una sala en la que bajan la temperatura hasta menos 18º para que experimentes lo que es una tormenta en el hielo, o un paseo en un vehículo oruga con una maniobrabilidad impresionante, capaz de subir casi paredes de tierra o hielo y con la capacidad de flotar, cosa que te demuestran dejando caer al vehículo por una pendiente sobre una charca de agua embarrada de una profundidad de mas de tres metros. Y flota, sorprendentemente, flota. Dentro de la visita esta incluida la zona de los pingüinos, la zona de los investigadores y una reproducción de los diferentes cambios de luz en un día cualquiera de la Antártida. Antes de la salida te espera una sala de proyección en la que una pantalla gigante en alta definición, proyecta constantemente un documental con imágenes tanto de paisajes como de los pocos animales que habitan la zona, es corto pero con imágenes que te dejan con la boca abierta, y que te descubre detalles que jamas hubieses imaginado de una de las zonas mas inhóspitas del mundo.


El resto del tiempo que pasamos en la ciudad dejamos en la habitación la actitud de viajero/turista y nos dedicamos a disfrutarla como cualquier habitante de la misma, con paradas para comer un trozo de tarta, disfrutar de un chocolate caliente, ver una película en el cine e incluso una visita al barbero-peluquero mas simpático de la city.











No se como estará ahora, ni siquiera estoy seguro de que la peluquería siga en pie, porque el terremoto que ha arrasado la ciudad, ha dejado dañados o semiderrumbados cientos de edificios en el centro.




Por muchos periódicos que hemos leído, por muchas fotos que hayamos visto, se nos hace difícil imaginar como estará el centro, sus calles o ese puente sobre el rio que cruzamos mil veces. Ojalá se recupere pronto, ojalá sea menos de lo que parece y pronto otros puedan disfrutar como disfrutamos nosotros de Christchurch.


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